Sunday, December 31, 2006

Acerca del secuestro y la liberación de Luis Gerez

(Agencia Walsh – por Gabriel Tuñez).
Lo tomaron de los pelos. Eran varios. Le pusieron una bolsa de nylon en la cabeza y así empezó todo. Para algunos diarios, que colocaron la noticia en un costado de sus títulos principales, fue el desaparecido 30.002. Los números son elocuentes, pero para serlos no necesitan varios dígitos. Por el contrario, esa condición abruma y quita valor. Bastaba con decir que en menos de cien días dos personas fueron arrancadas de sus hogares luego de declarar contra represores y asesinos de la dictadura militar.
Durante las primeras horas, el dato del rapto de Luis Gerez quedó sobrepasado por noticias acerca de la supuesta reactivación económica que vive el país y el incremento de las compras navideñas protagonizado por una parte de la sociedad claramente identificada.
Gerez fue encontrado anoche en un descampado de Garín, un sitio que, según el ministro de Seguridad bonaerense León Arslanian, había sido revisado minuciosamente hasta algunas horas antes. Y enseguida la utilización política del hecho. Para todos los funcionarios del gobierno nacional, la aparición se debió al discurso brindado por el presidente Kirchner, quien no hizo lo mismo luego de conocerse la desaparición de Jorge Julio López.
En abril pasado, Gerez declaró frente a una comisión legislativa que investigaba al político/represor/intendente/policía y candidato a gobernador Luis Patti. Dijo que a los 17 años, en 1972, había sido detenido, golpeado y torturado por Patti en una comisaría de Escobar, su lugar de vida. Sus palabras en el Parlamento propiciaron que el torturador no ocupara la banca en la Cámara baja.
Pero también comentó a esa comisión del Congreso que, por estas denuncias, había sido amenazado con armas de fuego en tres oportunidades, y que rechazó ingresar al sistema de protección de testigos porque el Estado no iba a ocuparse de su familia.
Kirchner habló en su discurso de grupos paramilitares y parapoliciales como responsables del secuestro de Gerez, y recomendó a los testigos de causas iniciadas contra represores aceptar la custodia que manda la ley. Durante la gestión de Felipe Solá y Arslanian, 15.000 policías bonaerenses fueron echados de la fuerza por diferentes delitos cometidos. ¿Cuál de todos esos policías iba a cuidar de Gerez? Quizá lo hiciera alguno de los casi 900 que todavía permanecen en la Bonaerense y son investigados por la Justicia.
¿Suena creíble que este tipo de personas decidiera liberar a Gerez después de escuchar un discurso presidencial? Si estos integrantes de bandas paramilitares y/o parapoliciales fueron quienes durante la dictadura militar decidieron sobre la vida y la muerte, ¿por qué iban a acceder tan fácil frente al mensaje público?
Como ocurre con la mayoría de los secuestros extorsivos, fueron los delincuentes quienes liberaron a sus víctimas y no la policía la que dio con ellos.
Algo de lo que dijo Kirchner es cierto: con los secuestros de López y Gerez se busca quebrar el sistema de derecho, la democracia. Y crear el temor suficiente para que las causas judiciales contra represores se caigan por la falta de testimonios.
¿Por qué Kirchner no habló en cadena nacional tras la desaparición de López, si a los pocos minutos de ocurrida todo el mundo supo que se trataba de un acto represivo y no de una decisión personal de abandonar a su familia? Y la sospecha sobre la víctima, aquella que algunos representantes de organismos defensores de los derechos humanos expresaron después de hablar con los funcionarios de la Casa Rosada.
Días atrás, la agencia de noticias alemana DPA citó fuentes anónimas de una organización no gubernamental para decir que Jorge López ya había sido asesinado. El Gobierno criticó y se escandalizó por la información, pero no brindó –ni brinda– un solo dato para pensar lo contrario. Es más, se asombró cuando quince días después del rapto aparecieron las llaves de la casa, que López se había llevado al momento de desaparecer, en el jardín de la vivienda.
¿Qué es más terrible: que López siga desaparecido o que Gerez haya sido devuelto a su familia torturado y golpeado? Quizá también lo sea la sensación de que esto puede volver a pasar.
AGENCIA DE COMUNICACION RODOLFO WALSH

Thursday, December 28, 2006

Porque nos tienen miedo....

Desaparece otro testigo

Primero fue López testigo del caso Echecolatz que llevó al represor a prisión con una condena por genocidio. Jorge Julio López lleva más de tres meses desaparecido. Innumerables acciones y movilizaciones se sucedieron a lo largo del país reclamando la aparición con vida de López.

Mientras las organizaciones de derechos humanos y políticas continúan con el reclamo de la aparición de Julio López, ahora le toco a Luis Geréz, testigo que declaró contra Patti por torturas durante la dictadura, despareció el miércoles 27 de dicimebre por la noche cuando salió de su casa en Escobar. El 8 de noviembre denunció las numerosas amenazas que había recibido: tajearon reiteradas veces las ruedas de su auto y fue intimidado en varias ocasiones con armas desde otros autos, cuando manejaba. Luis Geréz es militante del Movimiento Evita e integrante de la Comisión por la Memoria de Campo de Mayo.

Nos Falta Alguien

por Isabelino A. Siede

Algo habrá hecho Jorge Julio López. Hace meses que desapareció de su casa, pero también desapareció de los medios, de la gestión política y de las preocupaciones de la gente.
Algo habrá hecho para que lo olvidemos tan rápido. Para que el gobierno no le dedique la misma energía con que trata de controlar el precio del pan dulce. Para que los medios no le reserven ni una ínfima parte de lo que ocupan los avatares del fútbol o los ínfimos escándalos de la farándula.
Algo sabemos que hizo: dio la cara en el juicio que metió entre rejas a unos de los principales represores que estaba impune.
Pero hizo algo más: nació en el país del nomeacuerdo, en la sociedad que hizo posible el terrorismo de Estado, donde desaparecieron miles y otros tantos fueron presos y exiliados, en la mediocre cultura que acompañó en silencio la brutal expulsión social de los noventa.
En estas fiestas, falta alguien en la casa de los López y los argentinos ya lo olvidamos con liviandad.
Salud, compañero López. Donde quiera que estés, brindo por el coraje de tu testimonio que espero no haya sido en vano.

Hagámoslo SPAM. Reenvialo.