Sunday, March 25, 2007

Mil.

(no es mío y por desgracia no tengo forma de saber de quién, sólo tengo un nick "ramon-rupp", aunque la propiedad en estos términos vale lo que siempre: nada)

Me arrepiento, al fin,
de aquello que no he hecho
y me invadió la culpa
de los que nada sienten.
Tiembla mi pulso por los que no temblaron,
vibra como la tierra bajo un potro desbocado.

Le arrancaré las uñas al olvido,
torturaré con maestría mi conciencia,
extinguiré la esperanza a pan y agua,
le vendaré los ojos al futuro.
No habrá paz en la noche para sueños.
Y sepultaré mi vida para siempre
en un lugar sin marcas
donde jamás la encuentre.

Pero es difícil ser lobo de uno mismo
y es tan simple buscar la sangre ajena.

Esta ficticia inmolación no salda nuestra deuda;
no tenemos perdón,
lo hemos perdido todo.
Pero no habrá que resignarse.
Habrá que lamentar lo irremediable,
asumir la magnitud de lo imposible
y llorar lo que ya nunca volverá:
esa sangre se ha ido como un río,
se nos irá eternamente.

Qué triste es todo esto, qué infame es la verdad.
La piedad se queda en las iglesias,
el valor se prueba contra los indefensos
y la patria es un ídolo voraz.

¿Qué mezquino corazón late en mi pecho
si cada mil amores apenas rindo un homenaje?.
El invierno de la historia todavía no termina
y no alcanza la memoria para abrigar tantos rostros.
Nada más tengo estas manos para tantas caricias,
estos toscos brazos para apartar la pena,
una cobarde voz para tanto silencio,
unos ojos sin mundo,
un oído aterrado.
Espero que disculpen esta ofrenda imperfecta,
tan sólo somos sombras de la luz que había en ustedes.

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